miércoles, 12 de noviembre de 2008

Sinclair

Sinclair: un apellido... que computaba.

Para una gran mayoría de los mortales que pululan por nuestra larga y angosta faja de tierra, la palabra Sinclair no evoca nada.

Para los cinéfilos, trae a la mente el nombre del escritor norteamericano Upton Sinclair (1878-1968), cuya novela Oil! fue exitosamente adaptada al cine el año pasado con el título There Will Be Blood (traducida como Petróleo Sangriento), ganando premios de la Academia y todo.


Y para un pequeño grupo de personas, que hoy rondan entre los treinta y cinco y los cuarenta años y se reconocen como computines, Sinclair es sinónimo de una sola cosa: computadores. Y no computadores cualquiera. Sinclair es sinónimo de los primeros computadores que hubo en las casas de Chile. ¿No me creen? Entonces los invito a revisar su historia. La historia de los computadores Sinclair.


Sinclair_ZX81

10: 1982/1983


Pasados los embates más duros de la recesión de 1982, y con el dólar disparado a precios nunca vistos, los computadores estaban encerrados en las empresas y en las universidades. Aún eran máquinas del tamaño de un refrigerador (de los grandes), no estaban interconectados, y sus prestaciones eran inferiores a las de cualquier PDA. El PC recién daba sus primeros pasos, a precios inaccesibles para cualquier mortal. Así las cosas, la aparición de un primer computador para consumo doméstico-infanto-juvenil fue una verdadera revolución. ¿Su nombre? Sinclair ZX81.


Este aparatito de origen inglés, de escasos veinte centímetros de ancho por veinte de largo y no más de tres de profundidad, se convirtió en el negro objeto del deseo tecnológico de unos cuantos (lo mismo que pasaría veinte años después con la PS2). Bastaba conectarlo a un enchufe y al televisor para creerse uno de los protagonistas de La Pandilla Computarizada (programa de TV gringo que daban en la época, que afortunadamente duró solo una temporada).


Conteniendo en sus entrañas un procesador Nec Z80 que corría a 3.25 MHz, el ZX81 ofrecía 8 kilobytes (Kb) de ROM y 1 Kb de RAM (si: 1024 caracteres. Esa era TODA la memoria accesible por el usuario), y una maravillosa resolución de 64x48 en blanco y negro. No generaba sonidos, y las teclas eran de membrana. Los programas se escribían ingresando línea de código por línea de código a través de una línea de comandos, y desde ahí se ejecutaban (o se revisaban de nuevo línea por línea hasta encontrar el error). El sistema operativo, como tal, prácticamente no existía. Solo un par de comandos. Y listo.


Pese a lo limitado de sus capacidades técnicas, este aparatito traía de serie un primitivo intérprete BASIC (Sinclair BASIC) con el cual se podían escribir programas (el cual, convenientemente, tenía una palabra clave BASIC asociada a cada tecla: así, al apretar SHIFT+P, en pantalla aparecía PRINT), y tenía disponibles varios periféricos que lo hacían aún más interesante.


El primer periférico era una expansión de memoria de 16 Kb (luego habrían expansiones de 32 y hasta 64 Kb), que se conectaba directamente en la parte trasera del computador. El mecanismo de conexión no era muy firme, por lo que no era infrecuente que la memoria se desconectara y todo el trabajo realizado se perdiera. También había una impresora de chispas (que quemaba el papel para imprimir). Y se podía conectar a cualquier cassettera para grabar los programas en una cinta común y corriente. O para cargar programas desde cintas (se vendían programas para Sinclair, en cassette… ¡en serio!).


Con sus virtudes y defectos, este computador fue un éxito tecnológico y comercial, vendiendo más de un millón y medio de unidades sólo en Inglaterra. Su fabricación fue licenciada a distintos productores a lo largo y ancho del orbe. En los USA, Timex los comercializaba con la marca Timex-Sinclair, bajo el nombre TS1000 (que traía el doble de RAM que el original: 2 Kb). También hubo clones brasileños y argentinos.


ts1500

20: 1983/1984


Mientras Sinclair trabajaba afanosamente para entregar al mundo su nueva creación, Timex-Sinclair liberó al mercado un modelo a mitad de camino entre ambos: el TS1500.


Físicamente más grande que su antecesor, de color gris, y con teclas de goma, el TS1500 tenía las mismas características del ZX81, pero traía 16 Kb de RAM de fábrica. Conservaba el puerto de expansión atrás, por lo que la memoria se le podía aumentar considerablemente.


Si bien el TS1500 fue un avance, no llegó a convertirse en un éxito de ventas. ¿La razón? El color. Aún era un minicomputador en blanco y negro, mientras que Sinclair ya tenía lista su nueva criatura: el ZX Spectrum.


zxspectrum_48k

30: 1984/1985


Si bien liberada al mercado anglo en 1982, la nueva bestia negra de Sinclair no apareció por estos pagos sino hasta bien entrado 1984.


El ZX Spectrum dejaba en claro desde su nombre y diseño externo que el blanco y negro había quedado atrás. Se venía la era del color. De apenas 23 centímetros de ancho por 14 de profundidad y 3 de alto, en menos de medio kilo era el minicomputador soñado por todos.


Mejorado con una CPU Zilog Z80 A corriendo a 3.5 MHz, el Spectrum traía 16 Kb de ROM y 16 (o 48, dependiendo del modelo) Kb de RAM. La resolución en pantalla se había aumentado hasta 256x192, con 15 colores. Altísima definición, si se comparaba con el ZX81. También incluía un generador de sonido (de un canal), y teclas de goma con la misma lógica de una palabra clave por tecla.


También ofrecía nuevos periféricos (además de la impresora, la expansión de RAM y la conectividad a cualquier cassettera), siendo el más destacado la ZX Interface 1: una suerte de primitiva docking station que incluía otros 8 Kb de ROM, un puerto serial (a través del cual se podía conectar a impresoras de verdad), una conexión para LAN, y un conector para un ZX Microdrive (un dispositivo de almacenamiento en cinta, más rápido que la cassettera). Además de Sinclair, otros fabricantes produjeron otros periféricos: joystick, sintetizadores de voz, y hasta una batería electrónica.


Pero como bien sabemos, el hardware no lo es todo. Sólo es el cuerpo de la máquina. También se necesita un alma. O, en lenguaje más técnico, software. Y, en este caso, la biblioteca de software del Sinclair ZX Spectrum se empinó por encima de los diez mil títulos. Pese a lo poco avanzado de sus características, se desarrollaron muchísimos juegos para él. Y también bases de datos, procesadores de texto, planillas de cálculo, y herramientas gráficas. Todo para correr en menos de 16 kb de memoria. Y todo distribuido en las económicas (y fácilmente pirateables) cintas de cassette.


40: Impacto


El éxito local de los Sinclair ZX quedó enteramente demostrado cuando la primera revista de informática editada en Chile, Microbyte, comenzó a publicar en sus páginas centrales código fuente para que los usuarios introdujeran manualmente en sus equipos.


En España había revistas dedicadas exclusivamente a este mundillo: ZX y Microhobby, las que eran perseguidas por los fanáticos Sinclair locales a través de liquidadoras y revendedoras de revistas. En ellas se encontraban, además de nuevos códigos para programar, reseñas de juegos, de periféricos, e información de los nuevos modelos con los que Sinclair pensaba seguirnos sorprendiendo.


Además de las revistas, había programas de radio dedicados al novedoso arte de la computación, los que –además de contar las novedades de la tecnología- empleaban parte de su tiempo para transmitir programas que eran grabados por los usuarios en sus radio-cassettes y luego cargados dentro del computador (y todo eso, veinte años antes de la wi-fi).


50: Evolución y Caída


El sucesor de la franquicia sería el ZX Spectrum+ (que nunca llegó al mercado local): con teclas de verdad y un tamaño más grande, ya se parecía a los computadores tal y como todos los conocemos.


El siguiente paso sería en otro idioma. Motivado por el éxito de los ZX en España (y empujado por una ley ibérica que gravaba con impuestos adicionales aquellos computadores que tuvieran hasta 64 Kb y teclado en inglés), Sinclair se alió con Investrónica para producir el ZX Spectrum 128. Con 128 Kb de RAM, un chip generador de audio de tres canales y compatibilidad MIDI, el 128 sería el último paso de la evolución Sinclair. La manipulación del sonido fue incorporada dentro del Sinclair BASIC, con nuevos comandos como PLAY.


Estos modelos tuvieron un notable éxito en la madre patria. Acá, ni siquiera presentaron batalla ante el nuevo actor del mercado local: Atari, que dominaría la escena sin contrapeso durante largos años, con sus XL600 y XL800. Pero estos dos son materia para otro artículo.


sinclair

El nombre detrás de la marca: Sir Clive Sinclair


Nacido a mediados de 1940, este inventor (e inversionista) inglés tuvo varios éxitos a lo largo de su carrera, todos relacionados con el campo de la electrónica.


A comienzos de los 60, fundó Sinclair Radionics Ltd., compañía que se ganó un buen nombre dentro del Reino Unido gracias a su diseño, calidad, e ideas innovadoras.


En 1973 comenzó otra compañía, que tuvo varios nombres, y desde la cual inició su proyecto para un computador personal. En 1981 el nombre de la firma cambió al definitivo Sinclair Research Ltd., desde donde entregó al mundo sus hijos más reconocidos: el ZX81 y el ZX Spectrum.

Tan fuerte fue el impacto de sus mini-computadores al interior de su pais (y del mundo), que en 1983 fue nombrado caballero, y desde entonces su nombre va con el “Sir” por delante.


En 1986, Sinclair vendió la marca a otra compañía inglesa, Amstrad, reduciendo la compañía a su área de investigación y desarrollo.

En la actualidad, Sir Clive se dedica al poker, no usa la Internet, y su inventiva está orientada al transporte personal: su ultima creación es la A-bike, una bicicleta plegable que pesa menos de seis kilos.

1 comentario:

Juanjo dijo...

Yo tuve un TS1000 como primer computador. Hice programas. Me enojé con la extensión de memoria que "bailaba" y se borraba todo. Tuve programas originales tales como Pinball y Grimm's Fairy Tales (Línea Roja, Entretención).